
Esta es la historia de matatirutirulay, un chiquillo de 10 años que vendía caramelos en las calles de Lima para llevar el sustento a su hogar.
Un día matatiru, como lo solían llamar los amigos del barrio, se quedó estupefacto al ver a la gringuita paliducha del jirón strawberry, esta como de costumbre llevaba un lindo listón de color rojo ruco sobre su mal teñida cabellera, su delgado y débil cuerpo se quebraba cada vez que el viento platicaba, era como si un dedo meñique circulara por las vagabundas y solitarias travesías.
Al galán de telenovela se le caía la baba cada mañana que la veía pasar, siempre quería acercarse para charlar con ella y obsequiarle uno de los ricos caramelos de menta que vendía a 10 céntimos la unidad, pero su cobardía y timidez podían más que su amor de hombre.
Así pasaron los minutos, las horas, los días, los meses, hasta que en el momento menos pensado se armó de coraje como cowboy y se acercó a ella, sin pelos en la lengua le dijo: me gustas, ella no soltó palabra alguna; sus mejillas se enrojecieron como salsa de tomate y lo miró de pies a cabeza; matatiru sintió un hueco en el estómago y se dijo a si mismo: la cagué!!, retrocedió lentamente y corrió sin cesar, en eso el dedo meñique pegó un grito espeluznante como si hubiera visto a la niña del aro salir del pozo aterrador; "TE AMO" dijo ella, él volteó de inmediato, dos lágrimas de cocodrilo brotaron de sus ojos y marchó rápidamente hacia la gringa. Se abrazaron y se dijeron las típicas cursilerías melodramáticas, se besaron lentamente, el tiempo andaba en su cauce…y para terminar con la historia, escribo estupideces.
Im still alive.
Hace 9 años

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